The Good, The Bad and The Ugly: La propaganda en Oriente Medio
Como si fuera el re-estreno de una película del viejo oeste, en la que unos buenos vaqueros se enfrentan a los malos indios, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos pretende que en Irak se le vea como “el bueno”. Con esto en mente, las autoridades pretenden asignar unos 300 millones de dólares para crear una campaña y así promover su imagen entre la población iraquí.
Pero, como dice el dicho popular, “si se tiene que arreglar, es porque está dañado”. Esta millonaria inversión es “evidencia del fracaso” de Estados Unidos en su gestión bélica en tierras mesopotámicas, según comenta el sicoanalista Alfredo Carrasquillo.
En vocabulario de mercadeo, el branding de EE UU está maltrecho y se tiene que, de alguna manera u otra, resaltar la importancia del trabajo de los más de 130 mil soldados estadounidenses y otros tantos iraquíes.
Repetir, repetir, repetir
El Pentágono, según narra el diario The Washington Post, parece que notó la fuerte presencia de Al Qaeda “en sofisticados sitios web y vídeos donde aparece Osama Bin Laden llamando a la lucha armada contra Washington y el Ejecutivo iraquí” y ahora le apuestan a su propaganda de respuesta, en la que pretenden perpetuar la imagen del bueno y el malo.
De acuerdo a la información ofrecida, la campaña publicitaria se presta a presentar videos de “chicos malos” de Al Qaeda que raptan a la hija de una familia iraquí, con la intención de señalar quién es el enemigo.
Sin embargo, parece que los líderes estadounidenses están convencidos de lo que dijo el ministro de propaganda de Adolfo Hitler en Alemania, Joseph Goebbels de que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”.
El ‘problema’ de la tecnología
Y es que el acceso a la información y las nuevas tecnologías, representan un mayor reto, pues, según el también Catedrático Asociado de Estudios Graduados de la Universidad del Sagrado Corazón, escenarios de guerra como el de Irak “están conectados con el mundo”. Ante esta situación se hace evidente que “el problema de imagen de los Estados Unidos es un problema global, no es un problema en Irak”, lo que reduce las posibilidades de éxito de esta estrategia.
No obstante, antes de evaluar el efecto de esta tarea, Carrasquillo señala la necesidad de identificar quienes son las personas que desarrollarán las estrategias para implantar el proyecto y sus conocimientos sobre la población a quien va dirigida. Hay que preguntarse si “esas estrategias de persuasión en un país como Irak funcionan, o son las que están pensadas para funcionar en el midwest norteamericano. Yo creo que van a ser posiblemente 300 millones de dólares tirados por la borda”.
¿Algo nuevo?
Para el profesor del recinto riopedrense de la Universidad de Puerto Rico, Jorge Colón, esta acción es un “intento desesperado” de cambiar la opinión pública desfavorable que se ha generalizado del conflicto en Irak.
Pero, los más recientes movimientos, a nadie deben sorprender pues, según explica Colón, “es parte de las estrategias de guerra” de los Estados Unidos quienes repitieron la misma táctica en escenarios bélicos como Vietnam, “donde gastaron millones de dólares en lo que ellos llamaban cambiar las mentes y los corazones de la población. Es uso y costumbre, donde no solamente bombardean y ocupan, sino que también buscan que la propaganda sea intensa y ha sido así a través de la historia.”
Sin embargo, la estrategia de propaganda no se limita a la publicidad. El Pentágono reconoció haber pagado a medios iraquíes para que publiquen artículos positivos y “buenas noticias”, acción que de igual forma ha sido criticada por diversas organizaciones de prensa, por atentar contra la libertad del llamado ‘cuarto poder’.


El decano de la Escuela de Comunicación de la Universidad de Boston, John Schulz, dijo que “uno no puede crear un modelo de democracia y al mismo tiempo socavar uno de sus principios fundamentales: una prensa libre e independiente”.
El cambio que lleva a lo mismo
Pero ya lo dijo un viejo refrán que “lo que empieza mal, mal termina”. La excusa inicial para entrar a Irak, fue encontrar armas de destrucción masiva, ante la presión internacional reconocieron que no existían. Luego de intentar establecer conexiones inexistentes entre Al Qaeda y Saddam Hussein, ahora se disponen a “establecer la democracia”.
La realidad es que los iraquíes han levantado su voz de descontento ante la ocupación. La opinión internacional está en su contra, pero la película de los vaqueros tiene que llegar a su final y aunque por el momento es incierto, ya sabemos que el “malo” cambió el penacho por el turbante.


nota: este escrito fue publicado originalmente en La Polis, revista impresa en el cual colaboro.
