Dueños de lo ajeno
Mayo 10, 2010
viaje a Europa parte II
El cruzar por Las Ramblas definitivamente es toda una experiencia sensorial. Restaurantes de todo tipo a los lados; al final el muelle; cada ciertos pasos una estatua viviente que busca entretener; los locales y extranjeros que se mezclan con el calor del día. Y ellos, los dueños de lo ajeno.
Pero ese paseo es representativo al resto de la ciudad.

Las ramblas, Barcelona
Fue una de las advertencias más continuas antes de tomar el primer avión para mi viaje por Europa. Velar por todo lo que cargamos es normal, pero en algunos lugares esa vigilancia definitivamente tenía que ser redoblada.
La tensión se puede sentir apenas se está llegando, o al menos así la sentí yo. En el autobús el anuncio se escucha en varias ocasiones y en diferentes idiomas, todos deben estar advertidos. “Al llegar, el maletero será abierto cuando todos los pasajeros estén fuera del autobús. Vele por sus pertenencias”, lo repetían una y otra vez.
A pesar de la insistencia, había quienes no le prestaban atención, o quizás minimizaban la advertencia. La realidad es que otros viajeros ya me lo habían avisado, además la “paranoia boricua” nos ayudaba.
Y es que al llegar a Barcelona, en la estación de los autobuses se podían identificar con tan solo echar un vistazo alrededor. Como aves de rapiña al acecho. Luego de estar unas horas en la tierra de Gaudí, aprendí (eso creo) a identificarlos.
Están por todas partes, en las afueras del metro. Sentados justo a tu lado. Aunque dicen que todos son extranjeros, particularmente rumanos, los puedes ver como hombres, mujeres, blancos, negros, no importa, solo hay que mirar un poco más y los ves. Siempre ahí sentados, como mirando a la nada, pero siempre pendientes del más mínimo movimiento. Los carteristas en Barcelona, tienen un trabajo arduo. Ellos, pendientes del turista distraído para lograr su cometido, no vacilan al mostrar talento.
Inmediatamente fuera del autobús, como niños a sus madres, agarramos nuestro equipaje y en fila, esperar el mapa y una que otra información turística, para comenzar nuestra aventura.
No pasaron 5 minutos, cuando una señora comenzó a preguntar preocupada y en voz alta: “¿y mi cartera? La puse aquí (señalando)” Inmediatamente miramos atrás y uno de ellos estaba corriendo. Había logrado su cometido y probablemente iba a canjear todo lo que encontrara dentro del recién capturado “tesoro”.
Así las cosas seguimos el camino, un poco temerosos. A la entrada del metro, otros estaban allí, esperando al próximo distraído. Se miraban, se hablaban sin palabras y bajando las escaleras otra mochila fue abierta y dos o tres artículos, en manos de otro artista del robo.
Continuaron los días en Barcelona, y la ciudad y sus edificaciones te hacían olvidar por momentos, que habían ojos esperando el despiste. Pero un roce accidental te hacia voltear y asegurar que tus pertenencias seguían contigo.
Pero, no había mucho que hacer, solo mirar a lado y lado y rogar no ser víctima de un talentoso pillo que con el mínimo contacto se hacía dueño de lo ajeno.
Posted by .el que escribe. at 3:51am
1 Comment »
Irle al Barça en Madrid
Enero 21, 2010
viaje a Europa parte I
A sólo horas de mi regreso a casa, de un viaje por el ‘viejo mundo’, en el aeropuerto me dicen: “Creo que le voy a tener que cambiar su asiento señor, y por cierto a uno peor del que tiene”.
Un nervioso “¿Por qué?” salió de mí para que con toda la seriedad del mundo, la encargada de corroborar mi identidad en el aeropuerto de Madrid, continuara diciendo:
“¿Sabe usted que venir a Madrid con la camiseta del Barça es una abierta provocación?” Inmediatamente supe que había algo de broma en su comentario inicial, y me alivié un poco. Pero la realidad era una manera un tanto amable de decirme una verdad.
Luego tomó el pañuelo que adornaba su uniforme y señaló el pin del escudo del Real Madrid que tenía… “Soy del Madrid” me dijo.

Rápidamente me di cuenta que estaba involucrado en una situación de pasión futbolística. Hacía rato me andaba paseando con toda libertad y orgullo por el terreno ‘enemigo’ con la camiseta que había comprado en Barcelona, en el Camp Nou y que me había costado un pasme y unos cuantos euros, esto sin saber lo que conllevaba.
Para rematar mi risa pasmada, al instante su compañera de trabajo y a su izquierda dijo: “Mas que una provocación es un atrevimiento”. Casi sin salida, lo único que se me ocurrió decir fue: “pero, yo visité el Bernabeu”. Sin embargo, creo que fue peor ese comentario. Casi insultada la tercera empleada y en complicidad me dijo: “Pero, ¿qué usted hace visitando el Bernabeu si le va al Barça?”
Y es que en España el fútbol se vive apasionadamente, como en casi todo el mundo. Por algo le llaman el deporte de multitudes, el deporte rey.
Para explicar esta eterna rivalidad que existe entre estos dos equipos de un mismo país, alguien escribió una vez que “mientras el club de Barcelona ha simbolizado la identidad y orgullo regional para los catalanes, por los últimos ochenta años, Real Madrid ha simbolizado el gobierno nacional y el concepto de una España unida”. Sin lugar a dudas, una forma muy peculiar y, por mucho, más divertida de sobrellevar las rivalidades eternas que se viven dentro del terreno político.
Lamentablemente en Puerto Rico, todavía el fútbol no tiene el arraigo que tiene en otras partes del mundo. Apenas se contagia cada cuatro años con la fiebre mundialista.
Sin embargo, la política continúa siendo la principal causante de discordia y aunque su boom, también es cada cuatro años, nos ocupa los 365 días.
Aquí, (en Puerto Rico) es común escuchar que la política es el deporte favorito. Las tarjetas amarillas y hasta las rojas se sustituyen por los insultos. Las faltas y los fuera de lugar se cambian por leyes que benefician a los pocos. Y así sean visitante o local, la realidad es que el poder que se comparte entre dos equipos, pocas veces repercute para las gradas.
Yo, prefiero el juego, el verdadero, el que se juega en el estadio y durante 90 minutos, ese que por ser fanatico me llevó a una encrucijada en el aeropuerto Barajas.
Luego no supe que más decir, con una tímida sonrisa me despedí. Aquella camiseta de franjas azules y rojas me había puesto en una situación difícil, y aunque le iba al Barça estando en Madrid, me dejaron en el mismo asiento.
Posted by .el que escribe. at 10:47pm
1 Comment »
